domingo, 1 de julio de 2012

Cuando baja la marea y suben las verdades.


Todo ese sentimiento era raro. 
No se si estaba soñando o si era real. Mire el reloj, pasaban de las dos de la mañana, no tenía sentido, ¿porque me sentía así? no se si era nerviosa, triste o nostálgica o las tres. 
Me seque el sudor de la frente con la manga de la camisa holgada que llevaba en ese momento, ¿que hacía sudando? era pleno invierno y hacía demasiado frió ¿que carajos me estaba pasando?  
Una ráfaga de viento cruzo la habitación y me hizo estremecer, sin sentir frío en el cuerpo, lo sentí en el alma.
 La ventana estaba abierta de par en par, me levanté, puse mis pies descalzos en el piso, estaba tan helado como la noche o más; cerré la ventana y me quede observando el exterior. La luna estaba hermosa, una luna menguante. Gire sobre mis pasos y vi la cama, una cama hecha para dos personas, una cama en la cual solo dormía una dejando así un espacio vació. 
Un año. un jodido año había pasado ya desde que en esa cama dormia solo una persona.
Hoy se cumplía un maldito año desde que se había ido.
Suspire lento y pausado; volví a la cama, era patética, pero no pude evitar que una lagrima escapara de mis ojos, hice una expresión de reproche y la seque rápidamente, no me gustaba llorar, pero, salio otra lagrima y tenia que aceptarlo, no iba a parar el llanto. 
Lentamente me acosté en la cama, agarre mis rodillas y las puse en mi pecho, enterré mi cabeza en ellas y llore, me permití llorar como una niña de cinco años que se ha caído, aunque odiara llorar, me permití hacerlo por hoy. 
Mi respiración se fue tranquilizando, el llanto se fue convirtiendo en pequeños sollozos y mi cuerpo se fue relajando, poco a poco me fui quedando dormida con un unico pensamiento en la mente.
«Me haces demasiado falta»

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